Historia, Antología y Galería del Maestro Ramón Oviedo

Crítica en Prensa

1975
  • José Gómez Sicre
    Oviedo es un hombre universal. Su pintura es un mundo de confusiones y cobardías, se erige como un nuevo mensaje, fresco y valiente, seguro y sugerente, un mensaje con el cual este artista se abre poco a poco una posición de amplio significado propio, en el contexto del mayor arte que puede crearse hoy en América Latina. Oviedo inventa formas que podrían tallarse en granito o fundirse en bronce; se expresa en una paleta intensa y transparente que es un reto a la sensibilidad, un excitante para la retina.
1978
  • Danilo de los Santos
    “Oviedo es un pintor social. El más acusador de los pintores que han tomado del pueblo sus temas y han volcado en sus telas el humanismo insular, y las posibles traducciones que pueden arrancárseles a esa humanidad: Costumbre, tropicalidad, insularismo, tristeza, misterio, sensualidad, desnudez… y que ahora abre paso con el pintor al realismo angustioso del hombre y la pobreza a que están condenados los marginados sociales: Los eternos protagonistas, así parece, de nuestra multiplicada y sometida población en el paso de los tiempos.”
1980
  • Jeannette Miller
    “Latin American Art in the Twentieth Century” La obra de Ramón Oviedo se ha distinguido siempre por un especial intento de definir la vida a través de imágenes que testimonian la angustia del hombre. Y esa angustia, que parte de una reflexión conceptual, abarca desde los más inimaginables estados de indefensión hasta el perenne sentido de la muerte, acondicionamiento incuestionable de toda existencia… La pintura de Ramón Oviedo no es anecdótica; unifica a través de símbolos golpeantes al hombre universal en sus enfrentamientos básicos de existencia.
1982
  • José Gómez Sicre
    “A raíz de los nuevos valores plásticos introducidos por el arte de Oviedo, se puede legítimamente considerar que la República Dominicana en el sentido más amplio tiene uno de los más grandes maestros del arte contemporáneo en América Latina…”
  • José Gómez Sicre
    “En años recientes, es talvez el nombre de Ramón Oviedo que mejor sirve para demostrar la nueva importancia que el arte de la isla esta adquiriendo gradualmente a causa de los valores plásticos innovadores introducidos por Ramón Oviedo, el arte de la República Dominicana puede ser visto legítimamente dentro del más amplio contexto de los grandes maestros del arte contemporáneo latinoamericano.”
1984
  • Marianne de Tolentino
    Uno nunca alcanza completamente a captar un lienzo de Oviedo desde la primera mirada. Múltiples substratos, -tanto físicos y técnicos como simbólicos-, revelan la riqueza del cuadro cuando nuestra mirada penetra en las entrañas de la obra. La fascinación empieza con el espacio, más abierto, más atmosférico que nunca. Observamos un concepto espacial el cual organiza las figuras no solamente en el espacio sino también en el tiempo. Los fondos de Ramón Oviedo parecen unos archivos de la memoria y del olvido progresivo de recuerdos lejanos. Pasamos de nebulosas insinuaciones a diminutas configuraciones. Las estructuras emergen, flotan, gravitan.Ramón Oviedo ha sido y sigue siendo uno de los más auténticos representantes del expresionismo dominicano en sus temas dominantes de la condición humana y sus tragedias, en sus distorsiones de formas apoyadas en el virtuosismo de sus dibujos anatómicos, en la vitalidad de sus superficies parecidas a la piel o a la corteza. En cuanto a la consistencia material de su pintura, nadie ha podido igualar sus manchas brillantes, sus zonas lisas y fluidas, sus ranuras chorreantes y sus empastes de materias, las rasgaduras y escarificaciones del pigmento. Los ojos del espectador reciben la impresión de penetrar más allá del mundo material, en las entrañas de una “persistencia evolutiva”.
1988
  • Efraim Castillo
    “Uno de los grandes momentos de la plástica latinoamericana aconteció con el arribo de Ramón Oviedo a la abstracción, tras más de 30 años de expresionismo figurativo. La trascendencia entonces, se vehicula a través de la reconstrucción de Oviedo de los mundos rotos, de esos mundos que nuestro subcontinente salta día a día y el maestro transfigura en momentos para la historia.”
  • Arnulfo Soto
    “Letanía, coro de gemidos y lamentos, friso de la verdad difícil, encendido color fuego, humilde, gris, sencillo y parco, negro mechón de pura línea, mancha profunda con todos los tonos concebidos: Así es la pintura de Oviedo. Tambor que ruge presagiando el derrumbe de los cielos, afinadas notas que anuncian el amor y la belleza, bronca presencia que señala el miedo, la desesperanza, la miseria humana: Así es la pintura de Oviedo”. “Violadora de todas las formas concebidas, amasijo informe de vísceras asomadas, profundo laberinto lindando la demencia, aguerrido dolor del pueblo, costumbre diaria de su gente: así es la pintura de Oviedo. Soterrado disturbio psicológico, penas y tribulaciones del alma, confuso laberinto en el más profundo rescoldo del espíritu: así es la pintura de Oviedo. Frugal manjar de triste color y línea, sol ardiente que calcina las entrañas, fecunda canción de afinado canto, resonancia en el tiempo infinito: así es la pintura de Oviedo.”
1996
  • Jeannette Miller
    “Latin American Art in the Twentieth Century” “Oviedo ha creado en su arte un simulacro aterrador del miedo y de la muerte que formaban parte del vivir diario después de la era de Trujillo. Figuras dramáticas definidas por coloridos fuertes caracterizan el trabajo de Oviedo, el cual ha usado constantemente la crítica social en su arte. En sus últimos trabajos aparecen formas geométricas y referencias a los temas de los Indios taínos.”
1997
  • Oswaldo Guayasamin
    “Una explosión de colores y formas inéditas, de sonidos de tambores y selva, y sobre todo movidos por el espíritu profundo y vital del grupo humano negro, eso son las pinturas que nos presenta Ramón Oviedo, nacido en la República Dominicana, un artista que nos da a los hombres de cualquier parte de este pequeño mundo una nueva dimensión de la pintura noobjetiva. Sorprendidos, nos enfrentamos a esta explosión cerrada, contenida, calculada, una explosión que construye, limitada, estática, sólida. ¿Contradicción? No importa, así es la creación.”
  • Laura Gil Fiallo
    El método sociológico y el psicoanálisis pueden aportar mucho al análisis de estas imágenes, donde podemos ver alusiones a frustraciones históricas, sociales y políticas del hombre dominicano, pasando por una búsqueda de orígenes ancestrales que esclarezca nuestra identidad cultural, hasta una indagación sobre los vínculos entre la sexualidad, el placer y el dolor, descubiertos por la psicología profunda de nuestro siglo”.
1998
  • Fernando Ureña Rib
    “Ramón Oviedo exhibe en Virginia Miller Galleries. La muestra es contundente, abrumadora, vigorosa. Pintura abierta, terrenal y telúrica en la que ningún objeto limita el espacio, sino que lo integra y finalmente lo desborda. Oviedo pinta como poseído por volcanes internos que se derraman devorando sin prisa los enormes espacios de sus lienzos. Raspa, vierte, araña el lienzo y va explorando concienzudamente las superficies, erizándolas, desgastándolas o cubriéndolas y poblándolas con una vertiginosa sucesión de clamores y susurros. La pintura de Ramón Oviedo nos place y nos duele. No sabemos por qué, e ignoramos en que región del alma se asienta ese dolor.”
  • Armando Alvarez Bravo
    “En el quehacer de Oviedo, en que coinciden y se funden misterio y evidencia, esa no objetividad, lejos de ser un límite es un medio para establecer aquello que quiere testimoniar el artista en sus lienzos. No desdeña el pintor la inclusión de elementos estrictamente figurativos en su trabajo. Pero los utiliza, y mucho, dándoles, según le convenga, una inmediata identidad, sobre todo recomponiéndolos para otorgarles una efectividad comunicativa que han perdido por la frecuencia del uso constante. Otro aspecto primordial de la pintura de Oviedo es su uso del color. Sus fondos, lejos de ser zonas neutras, constituyen un tejido nutricio para aquello que resalta en su profundidad. Son formas entre emergentes y en extinción que, vueltas sobre si mismas, proclaman tanto eternidad como caducidad, pero sobre todo, los embates de las circunstancias. Tal expresividad se logra mediante el uso de colores excepcionalizados en su valor puro o que se reparten en diversos planos, subrayando lo esencial que quiere plasmar el artista. De esta suerte, el color es para Oviedo instrumento ideal para el dibujo de su mundo. Un universo convulso en que la persistencia de la evolución de la forma en la materia se constituye en un acto poético que vibra con la poesía original de los conjuros.”
  • Carol Damian, Art Nexus
    Desde las profundidades de las complejas texturas de la superficie emerge un vocabulario personal de signos y símbolos, de objetos, animales y formas humanas que convierte cada obra en un discurso significativo sobre la condición humana. Inspirándose de las antiguas ideas sobre la vida y la muerte, del tema de la dualidad, de marcas y glíficos primitivos, así que de la naturaleza en su forma más misteriosa, Oviedo usa una gran variedad de materiales (cordel, papel, tela, yeso) en su imaginería que les da una nueva vida.Las superficies de las telas de Oviedo recuerdan la piel marchitada, la corteza u otros materiales naturales. Él trabaja por capas, rasgando para revelar el color por debajo y dejando la huella de esta acción como un grafito del pasado.
  • Carol Damian, Art Nexus
    Su compromiso para las calidades de la expresividad plástica inherente al acto de pintar lo ha ocupado a lo largo de los años. Él sigue dedicándose a la pintura, usando nuevos métodos y técnicas impresionantes para mejorar la superficie de sus obras, otorgándoles una presencia potente, a menudo ritual. El hoy septuagenario pintor mantiene un programa completo y riguroso de pintura y una capacidad para conservar una perspectiva fresca gracias a una considerable experimentación técnica y a la exploración de nuevos temas como medios de expresión.
1999
  • Luis Eduardo Aute
    “(…) conoce perfectamente, desde mi punto de vista, la cocina de la pintura, pero basada en lo que debe ser absolutamente imprescindible para el gran pintor, que es el dibujo. Oviedo domina el dibujo como un maestro, es un dibujante potentísimo y de ahí que su pintura contenga esa gran potencia, esa energía. Su pintura me enriquece, me fascina, me siento muy tocado por la pintura más reciente, porque es un riesgo tremendo ir cambiando de cuadro en cuadro.”
  • Delia Blanco
    Tenemos en Oviedo un artista de gran dimensión con una propuesta intensa desde el inicio de la obra, autodidacta y comprometido con su oficio. Oviedo ha luchado toda su vida por mantener una coherencia dentro de todas sus evoluciones, su obra continúa firme y es un artista convencido de todo lo que le queda por hacer.
2000
  • Cecira Armitano
    “Ese velo tendido sobre su discurso crea un lenguaje de seductora oscuridad, atrapado entre atajos y caminos trabados ; descubrimos el gusto por verdaderos enigmas, aquéllos que no resultan de la combinación inestable de ideas sino de la solidez del hombre: expresión de su fuerza y de su verdad. Oviedo revisita constantemente esa oscuridad sin el impaciente deseo de traspasarla, por el contrario con la certeza de no inmutarla. Secreto impenetrable, momentos de silencio y opacidad, el lenguaje no parece sujeto a código alguno, se hace mas profundo el misterio y el texto se va escribiendo entre sueño y realidad.”
  • Delia Blanco
    (…)La intensa capacidad expresiva de sus telas implican al vidente en la búsqueda de una leyenda perdida, o de un fantasma desconocido. El grito, siempre aparece en sus formas, signo de una rebelión que no se puede callar, y el caballo, sigue con sus patas, estiradas en un gesto agresivo, las masas blancas, cabezas de toro, espectros de chivo o silueta de garza en vuelo, conforman una figura zoomórfa. Espacio que concentra en la tela toda la originalidad pictórica de este artista atrevido y suelto que maneja el brochazo, la rasgadura y el trazo, con una maestría propia en el movimiento. Nos lleva en la boca de una tornada, de un torbellino, de una ola de alta mar. Lo menos que podemos decir de este creador insurgente es que nos precipita a gran velocidad en el Cosmos, en un viaje interplanetario, con descansos geniales donde aparecen equilibrios para reconstruir la aventura y asentarla en nuestra mística humana. (…)La capacidad de Oviedo de reconstruir el equilibrio en medio del desorden y del vértigo que hace su obra excepcional en el registro de la pintura dominicana del siglo veinte. Es una obra alegórica, intensamente musical, teatral y espectacular en el sentido etimológico de la palabra. Ver una tela de Oviedo es asistir a un drama donde las fuerzas del universo se enfrentan para mantener la vida cósmica. (…)Su composición pictórica, es el propio discurso metafísico del artista. Sentimos en sus alegorías blancas, espacios anclados con el más allá. Sentimos que Oviedo está totalmente metido en el universo cósmico, compenetrado con las fuerzas que nos llevarán a todos los humanos a ser un elemento más en el estelar de la inmensidad. La intensidad poética del conjunto de sus obras más recientes, se nutre de grandes logros de equilibrios en los colores, donde la vivacidad de los rojos, azules y verdes se imponen y se integran a los fondos oscuros y tenues. Tenemos una gran exposición del artista en el MAM, una individual que nos confirma, una vez más, la capacidad inventiva de este creador, su libertad de imaginar lo más distante, lo más oculto, lo más secreto y callado, y la maestría con la que nos hace cómplices de sus fantasmas y de sus sueños, es única.
  • Myrna Guerrero
    En Ramón Oviedo encontramos el fenómeno de un artista reconocido, bien establecido en el mercado, que mantiene una efervescencia creativa singular y que con los años se vuelve más contestatario y rebelde, sorprendiéndonos con una última producción suelta y graficada, donde el maestro se pasea a voluntad por el trazo, el pigmento, las formas y el espacio pictórico, para producir obras que tanto deslumbran como reafirman la calidad del oficio de un gran artista.
  • Marianne de Tolentino
    “Efectivamente su evolución transcurrió dentro de un voluble humanismo, empezando por un arte social acusador, pasando por una introspección dolorosa y metafísica, llegando a un surrealismo fantástico, rico en atmósfera, signos y símbolos, que multiplicaba los esquemas y los arquetipos. Ramón Oviedo maneja el realismo mejor que nadie, pero sale de sus fronteras con igual desenvoltura. Aparte de una temática centrada en la condición humana, los sentimientos y la resistencia, él se ha adueñado de las distorsiones, las convulsiones, las morfológicas reinventadas del mundo observable. Ha sometido la factura pictórica a infinitas variaciones: pigmento liso, fluido, manchones, transparencias, veladuras, empastes, chorreados, rasgaduras, estrías, escarificaciones. Enunciar la diversificación matérica no tiene fin, y cada periodo permite descubrir hallazgos técnicos.”
  • Nancy Barnes, Artnews
    Lo mejor en las obras de Ramón Oviedo… obras marcadas por una fuerza incipiente raras veces observada en América del Norte. Otras pinturas del maestro dominicano abundan con referencias al pasado torturado de su país y hacen gala de elementos de estilo europeo, particularmente las pinceladas rabiosas de Francis Bacon y los densos empastes de pintura de Nicolas de Stael. Formas blancas nerviosas abundan en sus lienzos de colores vivos y sin embargo amenazadores. Las formas recuerdan a veces la calidad infantil de las imágenes del Art Brut… El artista, autodidacta, trabaja con acrílica y deja a sus predecesores europeos lejos atrás en otras pinturas.
2001
  • Edouard Glissant
    Monte y llano todavía, y la O de la mascara irrespirable, y la isla toda a lo indecible, enroscada en río, enigmática como un barrio, sabia y popular, como un poema de Huidobro, de Vallejo o de Ruben Dario.

NOTA:
Tras el fallecimiento del Maestro Ramón Oviedo la critica de arte Marianne de Tolentino publicó el 18 de julio del 2015 un articulo titulado “Ramón Oviedo In Memoriam” en el periódico Hoy de la República Dominicana el cual deseamos reproducir en esta sección de críticas a su obra:

Quienes presenciaron la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas a Ramón Oviedo, lo recuerdan como horas de inmensa emoción. A ese formidable creador, ya homenajeado con incontables honores oficiales y privados, se le tributaba al fin el máximo reconocimiento por su dedicación incomparable y su genialidad de hombre del arte.

Y… “don Ramón” apareció, desde el interior de su casa, sentado, pequeño, frágil, pero fuerte aún en la mirada, la expresión, el abrazo a sus amigos congregados. Nadie quería pensar que le iban a perder: su compromiso con la vida lucía eterno.

Hoy, cuando nos golpea su partida, cuando su familia está sumida en la congoja, cuando está faltando ya a todos, llegó el tiempo de seguir su ejemplo, de recordar lo que él dió al arte y la cultura, al país y al mundo. No cabe duda de que la pintura de Ramón Oviedo es, en imágenes, la mayor enseñanza de la historia, la más contundente interpretación imaginaria de los eventos sociopolíticos que se haya producido en la plástica dominicana. Una sola definición, un solo estilo nunca le bastaron para expresar todo lo que sentía, trasladando al lienzo el drama de las situaciones colectivas, llevando las angustias de una comunidad a la creación personal. Con humor y con cólera, él puso en evidencia los peligros que aquejan el presente y el futuro de la humanidad, alegorizando las gestas y el heroísmo.

La abstracción y la figuración se funden. La paleta inventa los tonos. Hasta el espacio se profundiza, infinito. Es una obra –dibujo y pintura– totalizante. En pos de la memoria.

Ramón Oviedo puede compararse en la plástica dominicana a la monumentalidad de Pablo Picasso –a quien Ramón reverenciaba… y que le inspiró grandes obras–, en las artes plásticas europeas y universales. Es referencia obligada para el siglo XX, como lo será Oviedo para las artes visuales de República Dominicana, el Caribe y América Latina. En la música, le hubieran calificado como “oído absoluto”, o sea alguien excepcional, llegando a los límites superiores de las facultades humanas en la sensibilidad del oído y el don musical.

En el ejercicio de su talento y dedicación exclusiva, sobre papel y tela, mago de la forma y el color, Ramón Oviedo fue, pues, un pintor “absoluto”, impulsado irresistiblemente por esa “necesidad interior” que, según Kandinsky, motivaba al verdadero artista. Aparte de una visión exterior, metáfora del bien y del mal, que queda fijada en sus cuadros, encontramos en su pintura una visión interior del hombre, de la naturaleza humana, que correspondía a un sentir agudísimo e incluye el sentido… del humor, particularmente en los dibujos.

Cómo explicar el carácter a menudo monumental, muy diverso, casi prolífico de la obra mural de este artista, sin entender sus dotes de investigador social y su voluntad insaciable de transmitir lecciones histórico-políticas al mundo – estamos pensando en los murales de la Unesco y de la OEA–¿? Están a la vez cargados del ímpetu y de la suntuosidad del trópico. Con el rigor de la forma y la generosidad del color, Ramón cuenta historias y la Historia: no hay ningún mural decorativo e inocente, ni tediosa obra de encargo. La pintura de Ramón Oviedo es entonces compromiso desafiante y permanente. El reto se manifiesta en tantos aspectos que el asombro provoca conclusiones… sin fin.

Cuando ya creíamos haber debatido, descifrado, descodificado una obra, el maestro había iniciado una etapa que provocaba otras reflexiones tan fuertes como las anteriores y obligaba a detenerse. Hay en su temperamento e inspiración un caudal inagotable, lo llamamos ‘el fenómeno Oviedo”, que recorre la introspección y el autorretrato, el testimonio social y patriótico, la epopeya histórica, la dinámica transformadora, y más… ¡Viva la libertad! Una libertad total permitió al artista trabajar y re-trabajar un soporte a su guisa, cambiar estilo y factura, cumular lo aleatorio y lo premeditado en la composición, y si él lo decide –vale decir si lo siente compulsivamente–, también puede borrarlo todo.

Compulsivo lo era Ramón, como Picasso –nuevamente citado–, cualquier pedazo de papel o funda inservible, él la convertía en pequeña obra maestra ‘a bolígrafo’… que queríamos ‘agarrar’, recordamos al respecto un viaje en avión hacia Cuba.

Luego, el pintaba con igual entusiasmo un cuadro por encima del primero, especie de arqueología pictórica… a la manera de civilizaciones sepultadas y sus capas sucesivas de testimonios. Sólo Ramón Oviedo sabía lo que oculta la ‘forma” recién plasmada y qué otra yacente reposa en la tela, pasmada debajo de la nueva turbulencia, a menos que alguien recurre a la radiografía del lienzo. Un día quizás… ¡Tantas investigaciones quedan por hacer en esa producción gigantesca, a pesar de que tanto se ha escrito!

Ahora bien, es el extraordinario dominio técnico, la fabulosa habilidad del creador, que le permitió esa libertad total. Él juega empedernidamente con las disonancias y la cacofonía, la espontaneidad y el gesto, la provocación y los disturbios… Pero esas energías aparentemente desbocadas siempre culminan en el control perfecto de la buena pintura. De esa interpelación, mordaz, justiciera, violenta aun, nacen incuestionables armonías y fuentes de fruición para quienes miran.

Coda. Cuando se ausenta para siempre un ser muy querido, los recuerdos guardan celosamente su cariño, sus virtudes y los momentos compartidos en la felicidad o la tristeza. Cuando es un artista, la memoria se magnifica: Ramón Oviedo ha legado miles de obras que perennizan al maestro, al ciudadano excepcional. Tampoco es tarde para que pensemos en los proyectos que el inesperado término de una vida, sin embargo longeva, no le permitió hacer o al menos empezar.

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